Todo número es cero ante el infinito.
El amor abre el paréntesis, el matrimonio lo cierra.
Todo poder es deber.
Una casa sin hijos es una colmena sin abejas.
La belleza es la frente, el amor, la corona.
La popularidad es la gloria en calderilla.
La arquitectura es el gran libro de la humanidad.
La primera igualdad es la equidad.
La melancolía es la felicidad de estar triste.
El amor casto engrandece a las almas-
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
miércoles, 30 de junio de 2010
Frases de Borges
Jorge Luis Borges
1899-1986. Escritor argentino.
Enlaces sobre Jorge Luis Borges • Libros de Jorge Luis Borges
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.
Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz.
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo.
Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.
Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas.
He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.
La duda es uno de los nombres de la inteligencia.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.
Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón.
¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.
Estoy solo y no hay nadie en el espejo.
Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.
Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.
Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia.
Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.
Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa.
El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable".
Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.
Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente.
La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
Las tiranías fomentan la estupidez.
No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.
El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.
Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.
Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso.
Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos.
El tiempo es la materia de la que he sido creado.
La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.
La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí.
Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica.
Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.
Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.
Soñar es la actividad estética más antigua.
Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Yo siempre seré el futuro Nóbel. Debe ser una tradición escandinava.
Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas.
La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres.
Dólares: Son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño.
No he cultivado mi fama, que será efímera.
El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho.
El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez.
He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.
La Historia Universal es la de un solo hombre.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
Nadie es patria, todos lo somos.
Biografías: Son el ejercicio de la minucia, un absurdo. Algunas constan exclusivamente de cambios de domicilio.
Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos.
1899-1986. Escritor argentino.
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Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.
Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz.
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo.
Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.
Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas.
He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.
La duda es uno de los nombres de la inteligencia.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.
Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón.
¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.
Estoy solo y no hay nadie en el espejo.
Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.
Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.
Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia.
Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.
Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa.
El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable".
Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.
Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente.
La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
Las tiranías fomentan la estupidez.
No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.
El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.
Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.
Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso.
Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos.
El tiempo es la materia de la que he sido creado.
La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.
La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí.
Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica.
Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.
Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.
Soñar es la actividad estética más antigua.
Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Yo siempre seré el futuro Nóbel. Debe ser una tradición escandinava.
Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas.
La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres.
Dólares: Son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño.
No he cultivado mi fama, que será efímera.
El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho.
El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez.
He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.
La Historia Universal es la de un solo hombre.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
Nadie es patria, todos lo somos.
Biografías: Son el ejercicio de la minucia, un absurdo. Algunas constan exclusivamente de cambios de domicilio.
Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos.
sábado, 26 de junio de 2010
La vigilia metafísica.
Textos de Filosofía argentinos
Carlos Astrada
La vigilia metafísica--------------------------------------------------------------------------------
Carlos Astrada (1894-1970). entre sus obras se destacan
El juego existencial; El juego metafísico; Nietzsche y la crisis del irracionalismo; El mito gaucho; Ser, humanismo, existencialismo; Hegel y la dialéctica; El marxismo y las escatologías; Humanismo y dialéctica de la libertad; Ensayos filosóficos.
Acicateado por el entusiasmo filosófico desde su juventud, Carlos Astrada obtiene una beca para efectuar estudios en Europa. En Friburgo sigue los cursos de Husserl y Heidegger, la impronta de este último será visible en gran parte de su posterior itinerario filosófico. Su carrera docente se verá truncada en 1956, cuando la Revolución Libertadora lo expulsa de la universidad habida cuenta de su ideología de inclinación marxista.
El humanismo que propugnan los libros de Astrada remite al devenir dialéctico de la libertad, impulsado por la praxis transformadora. El hombre enajenado se identifica con el proceso de conquista de su libertad, que ha de coronar con un humanismo socialmente integrado, igualitario y democrático. El sujeto filosófico de Astrada es el hombre concreto y no el ego abstracto del racionalismo. Si bien es un lugar común diferenciar el afán especulativo de Astrada entre su época existencial (1930-50) y su período dialéctico (1950-70), se puede percibir una confluencia en mayor medida que una tajante distinción. El giro ideológico heideggeriano lo irá acercando sensiblemente a Marx, pero en ambos casos Astrada rescatará al hombre, al sujeto primariamente envuelto en el mundo práctico de la coexistencia y el trato con las cosas. No en vano ambos —Marx y Heidegger— enfrentan al idealismo; en ese sentido se puede afirmar que Astrada desarrolla un pensamiento humanista de corte postexistencial.
Osvaldo Gallone
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POESÍA Y FILOSOFÍA
I. LA ANTIGUA QUERELLA
Cuando se dispone a formular en La república sus acusaciones contra los poetas, Platón le hace decir a su maestro Sócrates estas palabras: "La querella entre la poesía y la filosofía es vieja." Lo que Sócrates quiere, con esa aclaración, es disculparse: ¡no es él quien inicia la querella! Y, para que no se interprete mal su actitud, comienza por confesar el respeto que la poesía le merece y el cariño que le inspira. La poesía era, ante todo, Homero. Sócrates, como todos los atenienses, se había educado a través de él. En su infancia y en su adolescencia, nada hubiera podido objetarle. Las objeciones empezaron cuando empezó la gran lucha que obligaba a no estimar a Homero más que a la verdad. El mismo Sócrates lo dice. Y agrega que es una gran lucha, "una lucha más grande de lo que pudiera creerse", ésta en la que se trata de alcanzar a ser bueno, o no alcanzarlo. El joven que despierta a la conciencia de ese problema ya no puede dejarse tentar ni siquiera por la poesía. Ni siquiera por ella. Ése es el reconocimiento que Sócrates hace de la altísima dignidad de lo que se dispone, precisamente, a combatir.
No hay que dejar que vengan a distraernos —dice— ni la gloria, ni la riqueza, ni ninguna dignidad, ni la poesía misma.
Sócrates continúa la querella que los otros filósofos habían iniciado. Los poetas eran sabios. Heráclito había llamado a Homero el más sabio de todos los helenos.
¿Quiénes se hubieran atrevido a discutir eso? Ni aun el mismo Sócrates. Pero Heráclito había dicho, también, que Homero hubiera merecido ser expulsado de las asambleas y apaleado. ¿El más sabio de todos los helenos mereciendo ese doble castigo, moral y físico? ¿Cómo hubiera podido justificar Heráclito su paradoja? La justificó con una observación en la que está enunciada la actitud general de Sócrates con respecto a los poetas y a cuantos se creen sabios. Heráclito ya había dicho de Hesíodo (no se atrevió a decirlo de Homero) que era un ignorante a pesar de ser un sabio.
"Creen que sabía todo lo que podía saberse de las cosas, él, que no conocía el día y la noche..." La frase de Sócrates "lo saben todo; sólo ignoran que no saben nada" acaso tenga su origen en aquella actitud de Heráclito para con Hesíodo; es decir, en la actitud de un filósofo para con un poeta. Y Sócrates, filósofo, insiste en esa actitud, siguiendo también en esto a Heráclito.
La otra acusación expresa importante, en la vieja querella, es la de Jenófanes.
Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todo lo que entre los hombres sería objeto de oprobio y de vergüenza: robos, adulterios, engaños. ¡Impíos, ignorantes que pretenden pasar por sabios!... Y estos cargos, hechos a los poetas, serán después los mismos que se les haga a los filósofos.
En La república, Platón hace sostener a Sócrates la necesidad de expulsar de la ciudad a los poetas. De una república se expulsa a quienes significan un peligro, a quienes de alguna manera son sus enemigos. ¡Los poetas, enemigos de la república! ¿Cómo se justifica esa severa sanción ya dictada por los filósofos presocráticos? Un ciudadano debe temer la esclavitud más que la muerte, dice Sócrates; y las palabras de los poetas, cuanto más poéticas son, menos convienen a los oídos de quienes deben vivir como hombres libres.
Los poetas son creadores de fantasmas, que alejan a los hombres de la contemplación de las esencias, es decir, que los alejan de la verdad.
El poeta que describe la obra de un artesano es un imitador de imitaciones, un copiador de copias; el artesano que construye su obra está más cerca que él de las esencias, pues imita al Dios creador que las crea; construye una obra que es copia de la obra ideal. El poeta copia la copia hecha por el artesano. El orden es: Dios; el artesano que lo imita; el poeta que imita al artesano. Los poetas crean fantasmas y no cosas reales.
Por eso mismo, los poetas hablan de todo sin entender nada.
¿De qué no han hablado? De medicina, de política, de guerras. ¿Y qué remedios, qué leyes, qué teorías les debemos?
En nada de cuanto dijeron fueron útiles a los hombres.
Los poetas imitativos eran, por ello, hombres carentes de seriedad, que se entretuvieron en un juego ocioso e inútil. Sus obras pueden encantar momentáneamente; pero su encanto no es más duradero que el de esos rostros hermosos simplemente por la juventud, que dejan de atraer las radas cuando la juventud los abandona.
El arte de esos poetas es el arte de charlatanees, semejante al de quienes se complacen en el simple juego de palabras y también al de los taumaturgos que ofrecen un juego de ilusiones que ni ellos mismos creen. La poesía imitativa es el arte de la mentira y, por ello, instrumento de la corrupción de los jóvenes.
Estamos hablando, aclara Sócrates en su requisitoria, como fundadores de un estado, no como poetas. Y en tal calidad debemos prescribir normas a los poetas imitativos, para que no eduquen a la juventud en mentira, fuente de la injusticia. El poeta educa a los hombres en la lamentación y las quejas fáciles, sin pudor y sin coraje. Corónese a los poetas, vuélquense perfumes sobre su cabeza; pero expúlseselos del estado.
Sus obras sólo atañen a la parte de nosotros mismos que más repugna a la sabiduría.
Así como no son veraces, no son saludables. La poesía es escuela de pasiones nocivas, y fomenta esas pasiones debilitando la razón que ha de gobernar a los hombres. A quienes— poetas o admiradores de la poesía— sostengan lo contrario, Sócrates les pide que lo demuestren, pero en prosa, como corresponde a toda demostración. Y lo que tienen que demostrar es que la poesía además de agradable es útil al estado y a la vida.
Y si no pueden probarlo, lo que debemos hacer es lo que hacen aquellos amantes que, a pesar de todo lo grata que es la pasión del amor, se esfuerzan por apartarse de ella si advierten sus funestas consecuencias.
La pasión de la poesía, repite Sócrates, encantó mi infancia; pero contra ese encantamiento hay que prevenirse cuando se trata de ser hombres libres. Y no se es hombre libre sino en el ejercicio de la virtud.
La poesía es escuela de corrupción porque —y este argumento es de importancia capital en Sócrates— hace temer la muerte. (Las citas, que abundan en el tercer libro de La república, están destinadas a probar eso.) Los héroes presentados por los poetas son, todos ellos, víctimas del amor a la vida y del temor a la muerte. Sócrates sostenía que quien teme a la muerte está perdido como hombre libre. La poesía, en definitiva, es una aliada de la esclavitud.
Los poetas son, además, impíos. Los viejos filósofos los condenaban por su irreverencia hacia los dioses. Sócrates insiste en esa acusación, larga y hasta tediosamente; o aprueba cuando esa acusación es formulada por su interlocutor.
¿Qué atrocidades no habían atribuido los poetas a los dioses? El "buen Hesíodo" contaba, de Uranos y Cronos, una historia que no era ciertamente para niños. Esos dioses de los poetas eran dioses cuyas empresas de ninguna manera hubieran podido servir de modelo a los hombres: dioses de odio pronto, de pasiones violentas; dioses, en fin, demasiado humanos.
¿No había llegado a decir Esquilo que Dios había implantado el crimen entre los hombres? A Dios hay que presentarlo tal cual es, y no sujeto, como cualquier hombre, a las alternativas del bien y del mal.
Esos dioses que cambian constantemente de forma, como son los de los poetas, y que parecen complacerse en engañamos, no pueden ser los dioses del hombre libre. Dios —Dios, no los dioses— es absolutamente simple y veraz en acciones y palabras: no cambia ni engaña con fantasmas y ni siquiera con signos. (Cuando los poetas atribuyan a los dioses la mentira y hasta el crimen —concluye el filósofo—, nos enfadaremos; y si se trata de un poeta trágico, como Esquilo, le negaremos el coro necesario para la representación de su obra.
Porque el filósofo aspira a que quienes han de gobernar el estado se asemejen a los dioses cuanto la naturaleza humana lo permite.)
Éstas son, en lo fundamental, las acusaciones del filósofo contra los poetas. Dirigidas en un principio sólo a los poetas imitativos, terminan por abarcarlos a todos.
¿Y cuáles eran las acusaciones del poeta contra los filósofos? El poeta Aristófanes es quien las ha formulado con más eficacia, en Las nubes, ataque directo a Sócrates.
Las acusaciones del filósofo, aunque presentadas —y ampliadas— más tarde por su discípulo, fueron contemporáneas a las acusaciones del poeta Aristófanes.
Sócrates debió ser una antítesis popular en la Atenas que vio representar Las nubes.
Se asegura que durante la representación, para evitar que el público se distrajese tratando de ubicarlo en las gradas, Sócrates se puso de pie, de manera que todos pudiesen verlo. Ésa era su respuesta silenciosa al violento ataque del poeta.
También aquel día Sócrates bebió, con dignidad de filósofo, la cicuta que le había preparado y le alcanzaba el poeta.
Las diosas de los sofistas —de Sócrates— son, para el poeta, las Nubes. A ellas se les podía hacer la misma acusación que el Sócrates platónico hacía a los poetas. Las Nubes son imitadoras: ofrecen copias de copias, fantasmas: imitan copos de lana, centauros, leopardos, lobos, toros, ciervos, mujeres; y sus discípulos, los filósofos, son, como ellas, creadores de fantasmas.
Hombres que están como en las nubes, los filósofos hablan de todo sin entender de nada, o, lo que es peor, sin creer en nada.
El filósofo, en cuanto sofista, podía fingir la defensa de cualquier causa o de cualquier posición. Sócrates confesaba no saber nada; pero ¿de qué no hablaba? En el diálogo entre el razonamiento justo y el injusto —este último, símbolo de la sofística—, Aristófanes quiere mostrar precisamente todo lo que hay de fraude en las argumentaciones de los filósofos, y cómo ese fraude es la causa de la decadencia de Atenas.
Los filósofos son, además, para Aristófanes, charlatanes.
Charlatanes de "vaciedades sublimes"; así llaman las mismas Nubes a sus discípulos.
Charlatanes "pálidos y descalzos". A los filósofos, molinos de palabras, sólo les interesa triunfar en las disputas verbales. Son los sacerdotes de lo inútil. Como los charlatanes, como quienes peroran en las plazas públicas, carecen de la virtud de la modestia: unen, a su charlatanería, la jactancia. En todo eso educaba Sócrates a los jóvenes. Después de hacer que el joven cuya educación le ha encomendado el ingenuo Estrepsíades escuche la disputa entre los dos razonamientos, Sócrates promete devolverlo hecho un perfecto sofista.
La acusación de impiedad, formulada por el poeta contra el filósofo, tenía más fáciles fundamentos. Muchas veces se la había formulado y se la seguiría formulando. El filósofo no reconoce más dioses que el Caos, las Nubes y la Lengua. Todos los demás son para él pura ficción. Sócrates instruye así en Las nubes a Estrepsíades: "—Es preciso que sepas que los dioses ya no tienen curso entre nosotros." Estrepsíades pregunta asombrado: "—¿Zeus Olímpico no es Dios? ..." Y la respuesta de Sócrates es "—¿Qué Zeus? ¡Tú bromeas! No hay tal Zeus." El filósofo es el gran negador de los dioses. ¿Cómo no ver en él, entonces, a un corruptor de la juventud?
"La locura tuya y la de Atenas, que alimenta al Corruptor de la juventud."
Ésas son las palabras que el razonamiento justo dirige al injusto en la obra de Aristófanes. La nostalgia de la antigua educación, sentida y expresada por el razonamiento justo, contrasta con el desenfado del razonamiento injusto. Los sofistas, los filósofos, estaban educando a los atenienses de manera distinta a como habían sido educados los héroes que supieron pelear en Maratón. Sócrates, los filósofos, eran enemigos de la patria, por corruptores de la juventud. Era necesario, por ello, librar de tales "monstruos" a la patria. Fidípides, el joven cuya educación ha sido encomendada a Sócrates, termina por apalear a su propio padre, haciendo seguida esta reflexión: "Desde que Sócrates me ha hecho abandonar mis aficiones predilectas, y me ha acostumbrado a los pensamientos sutiles, a los discursos y las meditaciones, me siento capaz de probar que he obrado bien maltratando a mi padre." E intenta, efectivamente, probarlo.
La escena final, en que el padre del joven se decide a incendiar la escuela de los filósofos, resume las actuaciones del poeta. Estrepsíades se lamenta de su necedad al negar a los dioses de acuerdo con las enseñanzas de Sócrates; pide que se le perdone el haber cedido a la fascinación de la charlatanería de los sofistas. Y al prender fuego a la escuela, cuando le preguntan: "¿Qué haces?", contesta: "Disputo sobre sutilezas con las vigas del techo. ¿quién os manda ultrajar los dioses y mirar la luna?"
Sus palabras finales, mientras presencia la devastación de la escuela de los filósofos son: "Paguen así todas sus culpas, y principalmente su impiedad."
Las acusaciones del poeta contra el filósofo son, pues, las mismas del filósofo contra el poeta. Por lo menos, si no es total y si no está formulada en los casos con el mismo lenguaje, la correspondencia entre ellas es visible.
En la Apología, Platón recoge las acusaciones del poeta, y hace que Sócrates las resuma. Se lo acusaba de investigar las cosas de lo alto y las subterránea no creer en los dioses; de defender como buenas malas causas; de corromper a la juventud. Cargos triviales —agrega— que ordinariamente se formulan contra los filósofos. Son los poetas quienes así lo acusan. Ahí está Meleto, poeta, afrontando el riesgo de calumnia. Y Sócrates no se olvida de aludir “ al autor de comedias". Toda esa calumnia acaso no fuese más que una expresión de resentimiento, pues Sócrates recuerda que, cuando el oráculo lo declaró el más sabio de los helenos, se puso a interrogar primero a los hombres de estado y luego a los poetas, para comprobar que "a título de poetas se creían los más sabios en muchas otras materias, si bien nada entendían”
La antigua querella resultaba muy extraña. No había acusaciones a las que se replicase con otras. Eran las mismas acusaciones, formuladas por los poetas contra los filósofos y por los filósofos contra los poetas. Eso significa que los poetas y los filósofos combatían lo mismo.
¿No es Aristófanes un enemigo de los creadores de fantasmas, de los ignorantes, de los charlatanes, de los impíos, de los corruptores de la juventud? ¿No es Sócrates un enemigo, también, de los creadores de fantasmas, de los ignorantes, de los charlatanes: los impíos, de los corruptores de la juventud?
¿Platón no se limita a repetir —a plagiar— a Aristófanes, presentando como novedades acusaciones que eran viejas y que estaban dirigidas no a los poetas sino a los filósofos? Estas acusaciones del poeta contra los filósofos: y del filósofo contra los poetas, además de ser las mismas, están fundadas del mismo modo: tanto el poeta como el filósofo formulan sus acusaciones en nombre de la moral. Y, para que sean más impresionantes, el poeta elige al más grande de los filósofos: Sócrates, y el filósofo al más grande de los poetas: Homero.
Pero, igualmente, el poeta y el filósofo incurren en el mismo vicio que combaten.
Platón se contradice —hace contradecirse a Sócrates— y también se contradice Aristófanes. Platón, después de condenar las mentiras de Homero, termina por defender la doctrina de la "mentira patriótica".
¡Es la mentira, y no la verdad, la encargada de salvar en última instancia su República! La mentira es el privilegio que Platón concede a quienes han de regir su estado ideal. La mentira —dice— es un medicamento que debe ser usado por los médicos, no por los profanos; si a alguien le corresponde mentir, es a quienes gobiernan; ellos son quienes pueden y deben mentir, para engañar a los enemigos o a los mismos ciudadanos, cuando el interés de la República lo exija.
Esto es lo que expresamente concluye el filósofo que parecía haber venido enseñando la salvación a través de la verdad. Las mentiras de los poetas no eran condenables en cuanto mentiras, entonces; eran condenables en cuanto no eran patrióticas. Un poeta era un mal ciudadano, simplemente porque mentía sin distinguir la mentira nociva de la mentira saludable. Pero ¿por qué reprocharles que no hubiesen sido legisladores, en vez de agradecérselo?; ¿y por qué reprocharles que, alejándose de la contemplación de las esencias eternas, fuesen copiadores de copias, si luego se concluiría que había un bien alcanzable sin necesidad de aquella contemplación, y mediante el simple recurso a la mentira, recurso al que precisamente echaban mano los poetas?
Acusador del engaño poético, el filósofo introduce el engaño filosófico, y termina por contradecirse. Pero también el poeta, acusador del engaño filosófico, termina por contradecirse. "Paguen todas sus culpas, y especialmente su impiedad", era la acusación final de Aristófanes contra los filósofos. Pero esa acusación era contradictoria con la conducta del poeta. Aristófanes era quien había ido más lejos en la impiedad.
El trágico Eurípides, que parecía haberse unido a los sofistas llegó a decir: "los dioses... si es que existen". Mereció por ello, como Sócrates — a quien llegó a suponerse inspirador de obras de Eurípides —, las más violentas acusaciones de Aristófanes. Pero éste, que parecía seguir creyendo en la existencia de los dioses, los convirtió en seres demasiado humanos.
Hermes, el dios que hacía posible la comunicación entre los dioses y entre éstos y los hombres, es, en las obras del poeta defensor de la piedad, un correveidile venal: el campesino trigeo puede sobornarlo con la dádiva de una simple torta. No tiene nostalgia de su antigua grandeza, sino de sus vulgares banquetes de "intestinos asados".
Dionysos, el mismo Dionysos exaltado en Las bacantes por el sofista Eurípides; es, en Las ranas del poeta el defensor de la piedad, un dios miserable que se burla hasta de su propio sacerdote (¡que estaba allí, entre espectadores, asistiendo a la representación de la comedia!).
El altísimo Zeus es un simple Zeus vapuleado y con ese epíteto lo invoca Jantias, compañero de Dionysos en el viaje de descenso a los infiernos.
Sócrates, víctima más tarde de las acusaciones iniciadas por el poeta, se resolvería a beber la cicuta; y el dios Dionysos, que interroga a Heracles en busca del camino más corto para descender al infierno, la rechaza porque "con la cicuta se le hielan a uno las piernas".
Aristófanes, poeta, fue el gran impío que aceleró el proceso de desdivinización de los dioses.
Pero hay otras contradicciones. Aristófanes no perdona al poeta Meleto, que habría de ser casualmente acusador del filósofo: lo junta con las meretrices, en Las Ranas. Platón había sido atacado, también por los poetas, y hasta desde la escena; como al maestro, se le acusó de hablar de lo que ignoraba, y de hablar estúpidamente aunque prometiese la sabiduría. Platón se muestra implacable con los poetas; ¡pero rinde a todos ellos su homenaje en la figura del más mordaz de los detractores de la filosofía: Aristófanes! ("Las gracias, que buscaban para sí mismas un templo imperecedero, lo encontraron en los labios de Aristófanes." Su otro gran homenaje a los poetas había sido cantar a la poetisa Safo y declararla la décima musa.)
Platón había querido ser poeta. Se dice que aspiraba a competir con Homero, el poeta tantas veces llamado el más sabio de los helenos. Y ensayó la poesía y hasta habría compuesto una tragedia: él, que reprocharía a la tragedia el que regase y diese vida a todo aquello que hubiera sido preferible ver agostarse para siempre. Bajo la influencia del teatro concibió sus diálogos Aristóteles le acusaría, más tarde, de haber poetizado, entendiendo acusarle de no haber sabido mantenerse filosofo siempre. (También Aristóteles dijo que los poetas mienten mucho.)
Podríamos preguntamos si el Platón filósofo hubiese sido posible sin el Platón poeta. O de otra manera —que es como formula la pregunta Nietzsche—, si el filósofo Platón hubiera sido posible sin el poeta Aristófanes. Releamos las palabras de Nietzsche: "Nada ha hecho soñar tanto con motivo de la misteriosa naturaleza de esfinge de Platón, como este pequeño hecho, felizmente recordado: bajo la almohada de su lecho de muerte no se encontró 'biblia', nada que fuera egipcio, ni pitagórico, ni platónico, pero se encontró un Aristófanes. ¿Cómo habría soportado la vida Platón —una vida griega a la cual había dicho que no—, sin un Aristófanes?"
Creadores de fantasmas, ignorantes, charlatanes, corruptores de la juventud, impíos.
Ésas eran las acusaciones de la poesía a la filosofía, y por ello Estrepsíades, criatura de Aristófanes, incendia "el pensadero", como llamaba a la escuela de Sócrates, para librar de filósofos —de monstruos— a la ciudad. Pero ésas eran también acusaciones de Platón —criatura de Sócrates— a la poesía; y también por ello —exactamente por ello— se lo puede comprobar releyendo los pasajes de La república contra los poetas— el filósofo expulsa de la ciudad a los poetas.
La actitud de Sócrates y la de Aristófanes no son tan contrapuestas como la "vieja querella" podría hacer pensar. Sócrates, refiriéndose a sí mismo, pronunciado la jactanciosa frase: "Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble potro para picarlo y tenerlo despierto." ¿Y no hubiera podido, hasta con más razón, decir eso de sí mismo Aristofanes? Sócrates, empeñado en mostrar que quienes se creían sabios nada sabían, ¿está muy lejos de Aristófanes, empeñado en mostrar particularizadamente lo mismo? Ni los pretendidos sabios eran sabios; ni los pretendidos salvadores de la patria, salvadores patria; ni los pretendidos maestros de la juventud, maestros de la juventud. Eso es todo Aristófanes. Sócrates y Aristófanes se disputaban lo mismo: ser considerados la conciencia reflexiva de Atenas.
Carlos Astrada
La vigilia metafísica--------------------------------------------------------------------------------
Carlos Astrada (1894-1970). entre sus obras se destacan
El juego existencial; El juego metafísico; Nietzsche y la crisis del irracionalismo; El mito gaucho; Ser, humanismo, existencialismo; Hegel y la dialéctica; El marxismo y las escatologías; Humanismo y dialéctica de la libertad; Ensayos filosóficos.
Acicateado por el entusiasmo filosófico desde su juventud, Carlos Astrada obtiene una beca para efectuar estudios en Europa. En Friburgo sigue los cursos de Husserl y Heidegger, la impronta de este último será visible en gran parte de su posterior itinerario filosófico. Su carrera docente se verá truncada en 1956, cuando la Revolución Libertadora lo expulsa de la universidad habida cuenta de su ideología de inclinación marxista.
El humanismo que propugnan los libros de Astrada remite al devenir dialéctico de la libertad, impulsado por la praxis transformadora. El hombre enajenado se identifica con el proceso de conquista de su libertad, que ha de coronar con un humanismo socialmente integrado, igualitario y democrático. El sujeto filosófico de Astrada es el hombre concreto y no el ego abstracto del racionalismo. Si bien es un lugar común diferenciar el afán especulativo de Astrada entre su época existencial (1930-50) y su período dialéctico (1950-70), se puede percibir una confluencia en mayor medida que una tajante distinción. El giro ideológico heideggeriano lo irá acercando sensiblemente a Marx, pero en ambos casos Astrada rescatará al hombre, al sujeto primariamente envuelto en el mundo práctico de la coexistencia y el trato con las cosas. No en vano ambos —Marx y Heidegger— enfrentan al idealismo; en ese sentido se puede afirmar que Astrada desarrolla un pensamiento humanista de corte postexistencial.
Osvaldo Gallone
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POESÍA Y FILOSOFÍA
I. LA ANTIGUA QUERELLA
Cuando se dispone a formular en La república sus acusaciones contra los poetas, Platón le hace decir a su maestro Sócrates estas palabras: "La querella entre la poesía y la filosofía es vieja." Lo que Sócrates quiere, con esa aclaración, es disculparse: ¡no es él quien inicia la querella! Y, para que no se interprete mal su actitud, comienza por confesar el respeto que la poesía le merece y el cariño que le inspira. La poesía era, ante todo, Homero. Sócrates, como todos los atenienses, se había educado a través de él. En su infancia y en su adolescencia, nada hubiera podido objetarle. Las objeciones empezaron cuando empezó la gran lucha que obligaba a no estimar a Homero más que a la verdad. El mismo Sócrates lo dice. Y agrega que es una gran lucha, "una lucha más grande de lo que pudiera creerse", ésta en la que se trata de alcanzar a ser bueno, o no alcanzarlo. El joven que despierta a la conciencia de ese problema ya no puede dejarse tentar ni siquiera por la poesía. Ni siquiera por ella. Ése es el reconocimiento que Sócrates hace de la altísima dignidad de lo que se dispone, precisamente, a combatir.
No hay que dejar que vengan a distraernos —dice— ni la gloria, ni la riqueza, ni ninguna dignidad, ni la poesía misma.
Sócrates continúa la querella que los otros filósofos habían iniciado. Los poetas eran sabios. Heráclito había llamado a Homero el más sabio de todos los helenos.
¿Quiénes se hubieran atrevido a discutir eso? Ni aun el mismo Sócrates. Pero Heráclito había dicho, también, que Homero hubiera merecido ser expulsado de las asambleas y apaleado. ¿El más sabio de todos los helenos mereciendo ese doble castigo, moral y físico? ¿Cómo hubiera podido justificar Heráclito su paradoja? La justificó con una observación en la que está enunciada la actitud general de Sócrates con respecto a los poetas y a cuantos se creen sabios. Heráclito ya había dicho de Hesíodo (no se atrevió a decirlo de Homero) que era un ignorante a pesar de ser un sabio.
"Creen que sabía todo lo que podía saberse de las cosas, él, que no conocía el día y la noche..." La frase de Sócrates "lo saben todo; sólo ignoran que no saben nada" acaso tenga su origen en aquella actitud de Heráclito para con Hesíodo; es decir, en la actitud de un filósofo para con un poeta. Y Sócrates, filósofo, insiste en esa actitud, siguiendo también en esto a Heráclito.
La otra acusación expresa importante, en la vieja querella, es la de Jenófanes.
Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todo lo que entre los hombres sería objeto de oprobio y de vergüenza: robos, adulterios, engaños. ¡Impíos, ignorantes que pretenden pasar por sabios!... Y estos cargos, hechos a los poetas, serán después los mismos que se les haga a los filósofos.
En La república, Platón hace sostener a Sócrates la necesidad de expulsar de la ciudad a los poetas. De una república se expulsa a quienes significan un peligro, a quienes de alguna manera son sus enemigos. ¡Los poetas, enemigos de la república! ¿Cómo se justifica esa severa sanción ya dictada por los filósofos presocráticos? Un ciudadano debe temer la esclavitud más que la muerte, dice Sócrates; y las palabras de los poetas, cuanto más poéticas son, menos convienen a los oídos de quienes deben vivir como hombres libres.
Los poetas son creadores de fantasmas, que alejan a los hombres de la contemplación de las esencias, es decir, que los alejan de la verdad.
El poeta que describe la obra de un artesano es un imitador de imitaciones, un copiador de copias; el artesano que construye su obra está más cerca que él de las esencias, pues imita al Dios creador que las crea; construye una obra que es copia de la obra ideal. El poeta copia la copia hecha por el artesano. El orden es: Dios; el artesano que lo imita; el poeta que imita al artesano. Los poetas crean fantasmas y no cosas reales.
Por eso mismo, los poetas hablan de todo sin entender nada.
¿De qué no han hablado? De medicina, de política, de guerras. ¿Y qué remedios, qué leyes, qué teorías les debemos?
En nada de cuanto dijeron fueron útiles a los hombres.
Los poetas imitativos eran, por ello, hombres carentes de seriedad, que se entretuvieron en un juego ocioso e inútil. Sus obras pueden encantar momentáneamente; pero su encanto no es más duradero que el de esos rostros hermosos simplemente por la juventud, que dejan de atraer las radas cuando la juventud los abandona.
El arte de esos poetas es el arte de charlatanees, semejante al de quienes se complacen en el simple juego de palabras y también al de los taumaturgos que ofrecen un juego de ilusiones que ni ellos mismos creen. La poesía imitativa es el arte de la mentira y, por ello, instrumento de la corrupción de los jóvenes.
Estamos hablando, aclara Sócrates en su requisitoria, como fundadores de un estado, no como poetas. Y en tal calidad debemos prescribir normas a los poetas imitativos, para que no eduquen a la juventud en mentira, fuente de la injusticia. El poeta educa a los hombres en la lamentación y las quejas fáciles, sin pudor y sin coraje. Corónese a los poetas, vuélquense perfumes sobre su cabeza; pero expúlseselos del estado.
Sus obras sólo atañen a la parte de nosotros mismos que más repugna a la sabiduría.
Así como no son veraces, no son saludables. La poesía es escuela de pasiones nocivas, y fomenta esas pasiones debilitando la razón que ha de gobernar a los hombres. A quienes— poetas o admiradores de la poesía— sostengan lo contrario, Sócrates les pide que lo demuestren, pero en prosa, como corresponde a toda demostración. Y lo que tienen que demostrar es que la poesía además de agradable es útil al estado y a la vida.
Y si no pueden probarlo, lo que debemos hacer es lo que hacen aquellos amantes que, a pesar de todo lo grata que es la pasión del amor, se esfuerzan por apartarse de ella si advierten sus funestas consecuencias.
La pasión de la poesía, repite Sócrates, encantó mi infancia; pero contra ese encantamiento hay que prevenirse cuando se trata de ser hombres libres. Y no se es hombre libre sino en el ejercicio de la virtud.
La poesía es escuela de corrupción porque —y este argumento es de importancia capital en Sócrates— hace temer la muerte. (Las citas, que abundan en el tercer libro de La república, están destinadas a probar eso.) Los héroes presentados por los poetas son, todos ellos, víctimas del amor a la vida y del temor a la muerte. Sócrates sostenía que quien teme a la muerte está perdido como hombre libre. La poesía, en definitiva, es una aliada de la esclavitud.
Los poetas son, además, impíos. Los viejos filósofos los condenaban por su irreverencia hacia los dioses. Sócrates insiste en esa acusación, larga y hasta tediosamente; o aprueba cuando esa acusación es formulada por su interlocutor.
¿Qué atrocidades no habían atribuido los poetas a los dioses? El "buen Hesíodo" contaba, de Uranos y Cronos, una historia que no era ciertamente para niños. Esos dioses de los poetas eran dioses cuyas empresas de ninguna manera hubieran podido servir de modelo a los hombres: dioses de odio pronto, de pasiones violentas; dioses, en fin, demasiado humanos.
¿No había llegado a decir Esquilo que Dios había implantado el crimen entre los hombres? A Dios hay que presentarlo tal cual es, y no sujeto, como cualquier hombre, a las alternativas del bien y del mal.
Esos dioses que cambian constantemente de forma, como son los de los poetas, y que parecen complacerse en engañamos, no pueden ser los dioses del hombre libre. Dios —Dios, no los dioses— es absolutamente simple y veraz en acciones y palabras: no cambia ni engaña con fantasmas y ni siquiera con signos. (Cuando los poetas atribuyan a los dioses la mentira y hasta el crimen —concluye el filósofo—, nos enfadaremos; y si se trata de un poeta trágico, como Esquilo, le negaremos el coro necesario para la representación de su obra.
Porque el filósofo aspira a que quienes han de gobernar el estado se asemejen a los dioses cuanto la naturaleza humana lo permite.)
Éstas son, en lo fundamental, las acusaciones del filósofo contra los poetas. Dirigidas en un principio sólo a los poetas imitativos, terminan por abarcarlos a todos.
¿Y cuáles eran las acusaciones del poeta contra los filósofos? El poeta Aristófanes es quien las ha formulado con más eficacia, en Las nubes, ataque directo a Sócrates.
Las acusaciones del filósofo, aunque presentadas —y ampliadas— más tarde por su discípulo, fueron contemporáneas a las acusaciones del poeta Aristófanes.
Sócrates debió ser una antítesis popular en la Atenas que vio representar Las nubes.
Se asegura que durante la representación, para evitar que el público se distrajese tratando de ubicarlo en las gradas, Sócrates se puso de pie, de manera que todos pudiesen verlo. Ésa era su respuesta silenciosa al violento ataque del poeta.
También aquel día Sócrates bebió, con dignidad de filósofo, la cicuta que le había preparado y le alcanzaba el poeta.
Las diosas de los sofistas —de Sócrates— son, para el poeta, las Nubes. A ellas se les podía hacer la misma acusación que el Sócrates platónico hacía a los poetas. Las Nubes son imitadoras: ofrecen copias de copias, fantasmas: imitan copos de lana, centauros, leopardos, lobos, toros, ciervos, mujeres; y sus discípulos, los filósofos, son, como ellas, creadores de fantasmas.
Hombres que están como en las nubes, los filósofos hablan de todo sin entender de nada, o, lo que es peor, sin creer en nada.
El filósofo, en cuanto sofista, podía fingir la defensa de cualquier causa o de cualquier posición. Sócrates confesaba no saber nada; pero ¿de qué no hablaba? En el diálogo entre el razonamiento justo y el injusto —este último, símbolo de la sofística—, Aristófanes quiere mostrar precisamente todo lo que hay de fraude en las argumentaciones de los filósofos, y cómo ese fraude es la causa de la decadencia de Atenas.
Los filósofos son, además, para Aristófanes, charlatanes.
Charlatanes de "vaciedades sublimes"; así llaman las mismas Nubes a sus discípulos.
Charlatanes "pálidos y descalzos". A los filósofos, molinos de palabras, sólo les interesa triunfar en las disputas verbales. Son los sacerdotes de lo inútil. Como los charlatanes, como quienes peroran en las plazas públicas, carecen de la virtud de la modestia: unen, a su charlatanería, la jactancia. En todo eso educaba Sócrates a los jóvenes. Después de hacer que el joven cuya educación le ha encomendado el ingenuo Estrepsíades escuche la disputa entre los dos razonamientos, Sócrates promete devolverlo hecho un perfecto sofista.
La acusación de impiedad, formulada por el poeta contra el filósofo, tenía más fáciles fundamentos. Muchas veces se la había formulado y se la seguiría formulando. El filósofo no reconoce más dioses que el Caos, las Nubes y la Lengua. Todos los demás son para él pura ficción. Sócrates instruye así en Las nubes a Estrepsíades: "—Es preciso que sepas que los dioses ya no tienen curso entre nosotros." Estrepsíades pregunta asombrado: "—¿Zeus Olímpico no es Dios? ..." Y la respuesta de Sócrates es "—¿Qué Zeus? ¡Tú bromeas! No hay tal Zeus." El filósofo es el gran negador de los dioses. ¿Cómo no ver en él, entonces, a un corruptor de la juventud?
"La locura tuya y la de Atenas, que alimenta al Corruptor de la juventud."
Ésas son las palabras que el razonamiento justo dirige al injusto en la obra de Aristófanes. La nostalgia de la antigua educación, sentida y expresada por el razonamiento justo, contrasta con el desenfado del razonamiento injusto. Los sofistas, los filósofos, estaban educando a los atenienses de manera distinta a como habían sido educados los héroes que supieron pelear en Maratón. Sócrates, los filósofos, eran enemigos de la patria, por corruptores de la juventud. Era necesario, por ello, librar de tales "monstruos" a la patria. Fidípides, el joven cuya educación ha sido encomendada a Sócrates, termina por apalear a su propio padre, haciendo seguida esta reflexión: "Desde que Sócrates me ha hecho abandonar mis aficiones predilectas, y me ha acostumbrado a los pensamientos sutiles, a los discursos y las meditaciones, me siento capaz de probar que he obrado bien maltratando a mi padre." E intenta, efectivamente, probarlo.
La escena final, en que el padre del joven se decide a incendiar la escuela de los filósofos, resume las actuaciones del poeta. Estrepsíades se lamenta de su necedad al negar a los dioses de acuerdo con las enseñanzas de Sócrates; pide que se le perdone el haber cedido a la fascinación de la charlatanería de los sofistas. Y al prender fuego a la escuela, cuando le preguntan: "¿Qué haces?", contesta: "Disputo sobre sutilezas con las vigas del techo. ¿quién os manda ultrajar los dioses y mirar la luna?"
Sus palabras finales, mientras presencia la devastación de la escuela de los filósofos son: "Paguen así todas sus culpas, y principalmente su impiedad."
Las acusaciones del poeta contra el filósofo son, pues, las mismas del filósofo contra el poeta. Por lo menos, si no es total y si no está formulada en los casos con el mismo lenguaje, la correspondencia entre ellas es visible.
En la Apología, Platón recoge las acusaciones del poeta, y hace que Sócrates las resuma. Se lo acusaba de investigar las cosas de lo alto y las subterránea no creer en los dioses; de defender como buenas malas causas; de corromper a la juventud. Cargos triviales —agrega— que ordinariamente se formulan contra los filósofos. Son los poetas quienes así lo acusan. Ahí está Meleto, poeta, afrontando el riesgo de calumnia. Y Sócrates no se olvida de aludir “ al autor de comedias". Toda esa calumnia acaso no fuese más que una expresión de resentimiento, pues Sócrates recuerda que, cuando el oráculo lo declaró el más sabio de los helenos, se puso a interrogar primero a los hombres de estado y luego a los poetas, para comprobar que "a título de poetas se creían los más sabios en muchas otras materias, si bien nada entendían”
La antigua querella resultaba muy extraña. No había acusaciones a las que se replicase con otras. Eran las mismas acusaciones, formuladas por los poetas contra los filósofos y por los filósofos contra los poetas. Eso significa que los poetas y los filósofos combatían lo mismo.
¿No es Aristófanes un enemigo de los creadores de fantasmas, de los ignorantes, de los charlatanes, de los impíos, de los corruptores de la juventud? ¿No es Sócrates un enemigo, también, de los creadores de fantasmas, de los ignorantes, de los charlatanes: los impíos, de los corruptores de la juventud?
¿Platón no se limita a repetir —a plagiar— a Aristófanes, presentando como novedades acusaciones que eran viejas y que estaban dirigidas no a los poetas sino a los filósofos? Estas acusaciones del poeta contra los filósofos: y del filósofo contra los poetas, además de ser las mismas, están fundadas del mismo modo: tanto el poeta como el filósofo formulan sus acusaciones en nombre de la moral. Y, para que sean más impresionantes, el poeta elige al más grande de los filósofos: Sócrates, y el filósofo al más grande de los poetas: Homero.
Pero, igualmente, el poeta y el filósofo incurren en el mismo vicio que combaten.
Platón se contradice —hace contradecirse a Sócrates— y también se contradice Aristófanes. Platón, después de condenar las mentiras de Homero, termina por defender la doctrina de la "mentira patriótica".
¡Es la mentira, y no la verdad, la encargada de salvar en última instancia su República! La mentira es el privilegio que Platón concede a quienes han de regir su estado ideal. La mentira —dice— es un medicamento que debe ser usado por los médicos, no por los profanos; si a alguien le corresponde mentir, es a quienes gobiernan; ellos son quienes pueden y deben mentir, para engañar a los enemigos o a los mismos ciudadanos, cuando el interés de la República lo exija.
Esto es lo que expresamente concluye el filósofo que parecía haber venido enseñando la salvación a través de la verdad. Las mentiras de los poetas no eran condenables en cuanto mentiras, entonces; eran condenables en cuanto no eran patrióticas. Un poeta era un mal ciudadano, simplemente porque mentía sin distinguir la mentira nociva de la mentira saludable. Pero ¿por qué reprocharles que no hubiesen sido legisladores, en vez de agradecérselo?; ¿y por qué reprocharles que, alejándose de la contemplación de las esencias eternas, fuesen copiadores de copias, si luego se concluiría que había un bien alcanzable sin necesidad de aquella contemplación, y mediante el simple recurso a la mentira, recurso al que precisamente echaban mano los poetas?
Acusador del engaño poético, el filósofo introduce el engaño filosófico, y termina por contradecirse. Pero también el poeta, acusador del engaño filosófico, termina por contradecirse. "Paguen todas sus culpas, y especialmente su impiedad", era la acusación final de Aristófanes contra los filósofos. Pero esa acusación era contradictoria con la conducta del poeta. Aristófanes era quien había ido más lejos en la impiedad.
El trágico Eurípides, que parecía haberse unido a los sofistas llegó a decir: "los dioses... si es que existen". Mereció por ello, como Sócrates — a quien llegó a suponerse inspirador de obras de Eurípides —, las más violentas acusaciones de Aristófanes. Pero éste, que parecía seguir creyendo en la existencia de los dioses, los convirtió en seres demasiado humanos.
Hermes, el dios que hacía posible la comunicación entre los dioses y entre éstos y los hombres, es, en las obras del poeta defensor de la piedad, un correveidile venal: el campesino trigeo puede sobornarlo con la dádiva de una simple torta. No tiene nostalgia de su antigua grandeza, sino de sus vulgares banquetes de "intestinos asados".
Dionysos, el mismo Dionysos exaltado en Las bacantes por el sofista Eurípides; es, en Las ranas del poeta el defensor de la piedad, un dios miserable que se burla hasta de su propio sacerdote (¡que estaba allí, entre espectadores, asistiendo a la representación de la comedia!).
El altísimo Zeus es un simple Zeus vapuleado y con ese epíteto lo invoca Jantias, compañero de Dionysos en el viaje de descenso a los infiernos.
Sócrates, víctima más tarde de las acusaciones iniciadas por el poeta, se resolvería a beber la cicuta; y el dios Dionysos, que interroga a Heracles en busca del camino más corto para descender al infierno, la rechaza porque "con la cicuta se le hielan a uno las piernas".
Aristófanes, poeta, fue el gran impío que aceleró el proceso de desdivinización de los dioses.
Pero hay otras contradicciones. Aristófanes no perdona al poeta Meleto, que habría de ser casualmente acusador del filósofo: lo junta con las meretrices, en Las Ranas. Platón había sido atacado, también por los poetas, y hasta desde la escena; como al maestro, se le acusó de hablar de lo que ignoraba, y de hablar estúpidamente aunque prometiese la sabiduría. Platón se muestra implacable con los poetas; ¡pero rinde a todos ellos su homenaje en la figura del más mordaz de los detractores de la filosofía: Aristófanes! ("Las gracias, que buscaban para sí mismas un templo imperecedero, lo encontraron en los labios de Aristófanes." Su otro gran homenaje a los poetas había sido cantar a la poetisa Safo y declararla la décima musa.)
Platón había querido ser poeta. Se dice que aspiraba a competir con Homero, el poeta tantas veces llamado el más sabio de los helenos. Y ensayó la poesía y hasta habría compuesto una tragedia: él, que reprocharía a la tragedia el que regase y diese vida a todo aquello que hubiera sido preferible ver agostarse para siempre. Bajo la influencia del teatro concibió sus diálogos Aristóteles le acusaría, más tarde, de haber poetizado, entendiendo acusarle de no haber sabido mantenerse filosofo siempre. (También Aristóteles dijo que los poetas mienten mucho.)
Podríamos preguntamos si el Platón filósofo hubiese sido posible sin el Platón poeta. O de otra manera —que es como formula la pregunta Nietzsche—, si el filósofo Platón hubiera sido posible sin el poeta Aristófanes. Releamos las palabras de Nietzsche: "Nada ha hecho soñar tanto con motivo de la misteriosa naturaleza de esfinge de Platón, como este pequeño hecho, felizmente recordado: bajo la almohada de su lecho de muerte no se encontró 'biblia', nada que fuera egipcio, ni pitagórico, ni platónico, pero se encontró un Aristófanes. ¿Cómo habría soportado la vida Platón —una vida griega a la cual había dicho que no—, sin un Aristófanes?"
Creadores de fantasmas, ignorantes, charlatanes, corruptores de la juventud, impíos.
Ésas eran las acusaciones de la poesía a la filosofía, y por ello Estrepsíades, criatura de Aristófanes, incendia "el pensadero", como llamaba a la escuela de Sócrates, para librar de filósofos —de monstruos— a la ciudad. Pero ésas eran también acusaciones de Platón —criatura de Sócrates— a la poesía; y también por ello —exactamente por ello— se lo puede comprobar releyendo los pasajes de La república contra los poetas— el filósofo expulsa de la ciudad a los poetas.
La actitud de Sócrates y la de Aristófanes no son tan contrapuestas como la "vieja querella" podría hacer pensar. Sócrates, refiriéndose a sí mismo, pronunciado la jactanciosa frase: "Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble potro para picarlo y tenerlo despierto." ¿Y no hubiera podido, hasta con más razón, decir eso de sí mismo Aristofanes? Sócrates, empeñado en mostrar que quienes se creían sabios nada sabían, ¿está muy lejos de Aristófanes, empeñado en mostrar particularizadamente lo mismo? Ni los pretendidos sabios eran sabios; ni los pretendidos salvadores de la patria, salvadores patria; ni los pretendidos maestros de la juventud, maestros de la juventud. Eso es todo Aristófanes. Sócrates y Aristófanes se disputaban lo mismo: ser considerados la conciencia reflexiva de Atenas.
viernes, 28 de mayo de 2010
viernes 9 de abril de 2010
Presentan una "casa inteligente" para personas con demencia
Voces que advierten de forma automática de que no es hora de levantarse todavía, cocinas de gas que se apagan al detectar humo o grifos que cortan el agua solos al comprobar que no hay nadie utilizándolos son algunos de los equipamientos diseñados específicamente para personas que sufren demencia.
Con el objetivo de crear una especie de "casa inteligente", investigadores de la Universidad de Bath (Inglaterra), en colaboración con el Consejo de Investigaciones en Ciencias Físicas e Ingeniería del Reino Unido, presentaron hoy algunos de sus avances en la feria "Pioneros '09", que tiene lugar estos días en Londres.
Estas primeras novedades ya han sido implantadas en dos hogares ingleses en los que viven personas que padecen algún tipo de demencia.
Quienes sufren esta enfermedad -afecta sobre todo a personas de avanzada edad- se caracterizan por sufrir una fuerte tendencia hacia el olvido y el despiste, lo que hace disminuir su autoestima y en ocasiones les hace caer también en situaciones peligrosas para la salud.
Uno de los efectos más habituales es perder la noción de la noche y el día, para lo que este grupo de investigadores ha ideado una cama en la que hay instalados varios sensores que activan la luz cuando el individuo se levanta en medio de la noche.
En ese momento, una voz también informa de forma automática de que todavía no es hora de levantarse.
Otro de los mecanismos proyectados para equipar esta "casa inteligente" es un grifo que detecta cuándo hay movimiento, por lo que el agua deja de salir aunque al enfermo se le olvide cerrarlo.
En opinión de sus creadores, este mecanismo es especialmente útil porque cuando el inquilino vuelve al baño no se encuentra con el grifo abierto, un detalle que transmitía inquietud a la persona con demencia y contribuía a minar su autoestima.
Además, también presentaron una cocina con gas que se apaga automáticaente al detectar humo, como medida de seguridad.
Al dejar de funcionar, un letrero situado en la cocina se ilumina avisando de que está apagada, al mismo tiempo que se envía un mensaje al móvil del paciente para advertirle por si se encuentra en otra habitación.
El coste de la instalación de estos equipos supera los 15.000 euros, aunque según sus creadores el precio podría bajar una vez que se comercialcen, ya que por el momento "es sólo un prototipo".
La feria "Pioneros '09" también ha servido para presentar otras novedades tecnológicas en el campo de la salud, como unos sensores que se colocan en muñeca, codo y pecho para monitorizar los movimientos de pacientes que han sufrido algún tipo de derrame.
De esta forma se les puede ayudar a realizar sus ejercicios de rehabiltación en casa con la única ayuda de un ordenador y de un software que está desarrollando la compañía Philips.
Otro de los aparatos presentados hoy es un móvil especial para enfermos en las primeras fases de Alzheimer, que transmite al paciente una serie de mensajes que le recuerdan lo que debe hacer durante el día y le ayudan a no depender tanto de otros familiares.
Presentan una "casa inteligente" para personas con demencia
Voces que advierten de forma automática de que no es hora de levantarse todavía, cocinas de gas que se apagan al detectar humo o grifos que cortan el agua solos al comprobar que no hay nadie utilizándolos son algunos de los equipamientos diseñados específicamente para personas que sufren demencia.
Con el objetivo de crear una especie de "casa inteligente", investigadores de la Universidad de Bath (Inglaterra), en colaboración con el Consejo de Investigaciones en Ciencias Físicas e Ingeniería del Reino Unido, presentaron hoy algunos de sus avances en la feria "Pioneros '09", que tiene lugar estos días en Londres.
Estas primeras novedades ya han sido implantadas en dos hogares ingleses en los que viven personas que padecen algún tipo de demencia.
Quienes sufren esta enfermedad -afecta sobre todo a personas de avanzada edad- se caracterizan por sufrir una fuerte tendencia hacia el olvido y el despiste, lo que hace disminuir su autoestima y en ocasiones les hace caer también en situaciones peligrosas para la salud.
Uno de los efectos más habituales es perder la noción de la noche y el día, para lo que este grupo de investigadores ha ideado una cama en la que hay instalados varios sensores que activan la luz cuando el individuo se levanta en medio de la noche.
En ese momento, una voz también informa de forma automática de que todavía no es hora de levantarse.
Otro de los mecanismos proyectados para equipar esta "casa inteligente" es un grifo que detecta cuándo hay movimiento, por lo que el agua deja de salir aunque al enfermo se le olvide cerrarlo.
En opinión de sus creadores, este mecanismo es especialmente útil porque cuando el inquilino vuelve al baño no se encuentra con el grifo abierto, un detalle que transmitía inquietud a la persona con demencia y contribuía a minar su autoestima.
Además, también presentaron una cocina con gas que se apaga automáticaente al detectar humo, como medida de seguridad.
Al dejar de funcionar, un letrero situado en la cocina se ilumina avisando de que está apagada, al mismo tiempo que se envía un mensaje al móvil del paciente para advertirle por si se encuentra en otra habitación.
El coste de la instalación de estos equipos supera los 15.000 euros, aunque según sus creadores el precio podría bajar una vez que se comercialcen, ya que por el momento "es sólo un prototipo".
La feria "Pioneros '09" también ha servido para presentar otras novedades tecnológicas en el campo de la salud, como unos sensores que se colocan en muñeca, codo y pecho para monitorizar los movimientos de pacientes que han sufrido algún tipo de derrame.
De esta forma se les puede ayudar a realizar sus ejercicios de rehabiltación en casa con la única ayuda de un ordenador y de un software que está desarrollando la compañía Philips.
Otro de los aparatos presentados hoy es un móvil especial para enfermos en las primeras fases de Alzheimer, que transmite al paciente una serie de mensajes que le recuerdan lo que debe hacer durante el día y le ayudan a no depender tanto de otros familiares.
Consejos a la hora de enfrentarse a una persona discapacitada
La siguiente es una lista de veinte consejos básicos que el público en general debe tener en cuenta a la hora de interactuar con una persona que sufre algún tipo de discapacidad.
*Al hablar, no utilices diminutivos al referirte a ellos.
*Trátalos siempre con amabilidad y respeto.
*En caso que la persona discapacitada tenga problemas para caminar, acompáñala a su ritmo.
*En caso que use muletas o bastón, cuida que otras personas no lo tropiecen.
*De utilizarlas, cuida que tenga sus muletas o bastón siempre cerca.
*Al descender de un medio de transporte, no toques su bastón o muletas.
*En caso que la persona discapacitada utilice una silla de ruedas, pregúntale si necesita asistencia y de qué forma puedes ayudarla. Aguarda a que te diga qué puedes hacer por ella.
*Evita los movimientos bruscos que puedan hacerle caer de su silla.
*Al ayudar a una persona en silla de ruedas, ten cuidado al bajar los bordes de las aceras, y toda vez que haya un rebaje.
*Nunca tomes la silla por los brazos.
*En caso que sea posible, al ayudar a una persona en silla de ruedas, siéntate para hablarle.
*Ante una persona ciega o de baja visión, pregúntale si puedes ayudarlo sólo en caso de que la veas vacilante o frente a un obstáculo.
*Si la persona ciega desea cruzar una calle, ofrécele tu brazo. Nunca tomes el de él.
*Si la persona ciega necesita subir a un medio de transporte o una escalera, toma su mano y apóyala en la barandilla o pasamanos.
*Al explicar a una persona ciega una dirección, en caso de ser posible, acompáñalo hasta el lugar que busca. No le indiques con señales ni movimientos de cabeza.
*Aunque no te pueda ver, dirígele siempre la palabra y míralo a los ojos.
*Si la persona tiene un retraso mental, nunca hables sobre él como si no estuviera delante.
*En caso que la persona sea sorda o hipo acusica, háblale lentamente y mirándole a los ojos para que pueda leerte los labios.
*No le grites, sé claro y conciso. Utiliza palabras simples. Si no te comprende, escríbelo.
*Sé paciente."
*Al hablar, no utilices diminutivos al referirte a ellos.
*Trátalos siempre con amabilidad y respeto.
*En caso que la persona discapacitada tenga problemas para caminar, acompáñala a su ritmo.
*En caso que use muletas o bastón, cuida que otras personas no lo tropiecen.
*De utilizarlas, cuida que tenga sus muletas o bastón siempre cerca.
*Al descender de un medio de transporte, no toques su bastón o muletas.
*En caso que la persona discapacitada utilice una silla de ruedas, pregúntale si necesita asistencia y de qué forma puedes ayudarla. Aguarda a que te diga qué puedes hacer por ella.
*Evita los movimientos bruscos que puedan hacerle caer de su silla.
*Al ayudar a una persona en silla de ruedas, ten cuidado al bajar los bordes de las aceras, y toda vez que haya un rebaje.
*Nunca tomes la silla por los brazos.
*En caso que sea posible, al ayudar a una persona en silla de ruedas, siéntate para hablarle.
*Ante una persona ciega o de baja visión, pregúntale si puedes ayudarlo sólo en caso de que la veas vacilante o frente a un obstáculo.
*Si la persona ciega desea cruzar una calle, ofrécele tu brazo. Nunca tomes el de él.
*Si la persona ciega necesita subir a un medio de transporte o una escalera, toma su mano y apóyala en la barandilla o pasamanos.
*Al explicar a una persona ciega una dirección, en caso de ser posible, acompáñalo hasta el lugar que busca. No le indiques con señales ni movimientos de cabeza.
*Aunque no te pueda ver, dirígele siempre la palabra y míralo a los ojos.
*Si la persona tiene un retraso mental, nunca hables sobre él como si no estuviera delante.
*En caso que la persona sea sorda o hipo acusica, háblale lentamente y mirándole a los ojos para que pueda leerte los labios.
*No le grites, sé claro y conciso. Utiliza palabras simples. Si no te comprende, escríbelo.
*Sé paciente."
jueves, 27 de mayo de 2010
Arelo Larriva-
ENRIQUETA ARVELO LARRIVA
Cada palabra, el perfil de la voz de un silencio a semejanza de una soledad.
Como si fueran sombras de sombras que se alejan las
palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas
del silencio.
Olga Orozco
Enriqueta Arvelo Larriva, nace el 22 de marzo de 1886, en Barinitas, un pueblo enclavado donde se enlazan el piedemonte andino y el llano, al norte del estado Barinas, en Venezuela.
Su padre, Don Alfredo Arvelo, hombre de Fundo y de “a caballo”, y su madre, Doña Mercedes Larriva, maestra de escuela, con quien aprendió las primeras letras, conformaban junto a sus cinco hijos, una familia con vinculaciones políticas adversas al régimen del sátrapa Juan Vicente Gómez, y venida a menos por los atropellos y vejámenes de quien dictatorialmente se adueñó de Venezuela durante casi tres décadas.
Huérfana desde muy niña, pues muere su madre cuando la poetisa apenas contaba los cinco años:
(…) iba a gusto
tras el cabello recién bañado de mi madre.
Amaba a mi madre,
mas a veces ella era para mí
sólo una palidez nimbada. 1
Influenciada en sus inicios poéticos por su abuela materna “mamá Florinda”, y después, por su tía Atilia Torrealba Febres Cordero, reconocida poeta en esa tierra llanera, quien le enseñó las reglas básicas de la versificación y la motivó a escribir sus primeros versos.
Fue, una vehemente autodidacta de las lecturas de los poetas del Siglo de Oro Español: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, y de los poemas del poeta nicaragüense Rubén Darío, que publicaban los periódicos de Caracas. Motivada por su hermano, nuestro esclarecido poeta modernista y revolucionario, Alfredo Arvelo Larriva, quien sembró en su espíritu según palabras de Luis Beltrán Prieto: esa agónica sed de los poetas, que ven pasar el río y no mojan sus labios, sino que van al fondo a rescatar luceros.”
En febrero de 1930, la poetisa decide visitar la Capital por vez primera, regresando al Llano poco tiempo después, con un mayor entusiasmo en la poesía.
El 8 de agosto de 1931, se crea el Ateneo de Caracas, allí, en la planta alta de una casa, ubicada de Marrón a Cují, en el Nº 43 de la Avenida Este, propiedad del general Vicencio Pérez Soto; corriendo el riesgo que significaba intentar fundar cualquier tipo de asociación, dada la represión continua que ejercía la dictadura del Bagre por temor a la “conspiración”, un grupo de mujeres convocó a un número considerable de personalidades y artistas, sin obviar siquiera a las familias vinculadas con el poder, a la fundación de lo que pronto llegó a considerarse como la República Libre de los Intelectuales; y dentro de sus actividades destacará posteriormente, la participación de Enriqueta Arvelo Larriva.
En 1934, muere su amado hermano Alfredo Arvelo Larriva, el 13 de Mayo en Madrid; y cuando son repatriados sus restos en 1949, la poetisa publica una excelente nota biográfica Alfredo Arvelo Larriva – Noticias de su Vida y su Obra.
En 1939 edita con la Asociación de Escritores Venezolanos, su poemario Voz aislada, es el primero que publica, pero, el segundo que escribe.
En junio de 1941, obtiene el premio en el Segundo Concurso Femenino Venezolano, promovido por la Asociación Cultural Interamericana, con el primer poemario que escribió: Cristal nervioso: poemas, y un jurado conformado, por Carlos Eduardo Frías, Ada Pérez Guevara y Pedro Sotillo.
En 1942 escribe Poemas de una pena, una elegía a la muerte de su padre.
Desde 1945 hasta 1947, ejerce breves cargos políticos como Diputada a la Asamblea Legislativa del Estado Barinas y como Diputada Suplente de la Asamblea Constituyente en 1947.
A partir de 1948, se radica definitivamente en la capital, Caracas, lo que le permitirá estar en permanente relación y vigorizar sus vínculos con reconocidos representantes de la intelectualidad venezolana.
En 1949, edita el poemario Canto de recuento, como un homenaje al regreso de los restos de su hermano Alfredo Arvelo Larriva a su patria, Venezuela.
En 1957, publica su quinto poemario Mandato del canto: poemas”y recibe por esa obra, el Premio Municipal de Poesía.
Y, el 10 de diciembre de 1962, muere en Caracas, a la edad de 76 años, como había vivido, en soledad, acompañada solamente de la voz de sus poemas.
En 1963, las Ediciones de la Presidencia de la República del gobierno de Rómulo Betancourt, edita póstumamente su último poemario Poemas perseverantes.
Enriqueta Arvelo Larriva, publicó también algunos de sus poemas en el semanario Patria y Unión de Barinas, y en periódicos locales y regionales como El Impulso de Barquisimeto y El Diario de Carora; en Caracas, en El Universal, donde aparece en las primeras páginas de las novedades literarias y, en el “Papel literario” de El Nacional. Mantuvo también, un hermoso epistolario con poetisas del prestigio de la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarbourou.
Este ensayo: ENRIQUETA ARVELO LARRIVA: Cada palabra, el perfil de la voz de un silencio a semejanza de una soledad., es, ese su viaje al universo interior de su soledad, de su silencio, de su voz y del afecto de un amor postergado, constantes poéticas en su obra lírica, y que motivaran subyugantes poemas.
La poetisa, se adelanta a su tiempo, más allá de las vanguardias literarias, es la primera voz de mujer que se singulariza en el devenir de las letras líricas venezolanas; en el contexto de una desolación intelectual para la mujer, ella logra entretejer esa su voz, esas sus ausencias, a través de las hendijas que pasan desapercibidas para el resto de un país con una atávica visión androcentrista; imponiéndose como mujer, esquivando el destino que le atañía, y trasgrediendo la “normativa” de las leyes patriarcales y religiosas:
Buena o mala, voz es lo único que tengo
En una Venezuela hasta esos momentos, donde la dignidad de la mujer la ponderaba él, el hombre, “asignándole” su status, imponiéndole las limitaciones de los patrones de una “vida social”, inhibiéndola de casi todas las manifestaciones “culturales”, permitiéndosele tan sólo acceso a una mínima fracción de la “herencia de la vida”. Aún así, aún a pesar de ese lastre, se eleva su voz desde la provincia, desde el llano y luego desde la capital, su por ella misma llamada “voz aislada”.
De esta sensibilidad, de esta audacia, de este culto a la voz del silencio, de ese ceñir su palabra a los predios de la poesía, jamás, antes de Enriqueta Arvelo Larriva, habían tenido versos así, eco femenino en los reacios oídos masculinos:
Gracias a los que se fueron por la vereda oscura
moliendo las hojas tostadas.
A los que me dijeron: espéranos bajo ese árbol.
Gracias a los que se fueron a buscar fuego para sus cigarrillos
y me dejaron sola,
enredada en los soles pequeños de una sombra olorosa.
Gracias a los que se fueron a buscar agua para mi sed
y me dejaron ahí
bebiéndome el agua esencial de un mundo estremecido.
Gracias a los que me dejaron oyendo un canto enselvado
y viendo soñolienta los troncos bordados de lianas marchitas.
Ahora voy indemne entre las gentes. 2
El deseo de imprimir su huella precursora, la trama de su phatos, su tono poético abierto a los vértigos del alma, con el acento desesperado de sus aires atestados de silencios e íntimas revelaciones, de amparar su soledad con su voz tan propia, cultivada apasionadamente con un lenguaje henchido de acordes, conjurando el vacío, buscando darle encantamiento, en latidos que convidan a una sublimación absoluta donde su imaginación creadora se encierra para mostrarse en el eco de su entelequia, con versos de una franqueza que estremecen:
En el aire ancho y aromado ha ido sola mi voz.
En vano busqué ansiosa.
Todas las voces se han ido.
Ahuecaba mis manos y lanzaba mi voz.
Y salía a recogerla. Yo misma.
Qué dolor desolado, agrupadas voces,
el de no tener la voz compañera.
En el ámbito soleado y ciego,
en la zona sin voces,
sobre la grama desmandada,
he ido presente por caminos que no me oían. 3
Para ese momento histórico en la “Patria Literaria”, Enriqueta Arvelo Larriva, es la pionera, la primera voz poética que se alza surgiendo de las hondonadas recónditas del alma femenina, y lo hace, desde los espacios donde ocurren los encuentros consigo misma, tamizando su soledad, descifrando lo incomprensible y enigmático del silencio que la rodea y abruma, intentando dar voz auténtica al duelo por la entrega amorosa aplazada y los frutos de ese apego menguando con ella, en poemas trémulos de amor y confesionalidad:
Quiero saber, hombre lejano que me llevaste
por una ribera muy tuya para mí desconocida,
si en un paso de insomnio
tus pájaros briosos y relucientes
picaron en las moras zumosas de mi soledad.
Si me sentiste allí,
en la espesura de tu bosque sumido,
como hoja soterrada,
como liana sin anillo,
como brisa curiosa
castigada en cárcel pavorosa y oscura.
Si me aspiraste en el último humo de la tarde
o si pasé despertándote por tu más raro amanecer.
(…)
Dime si me tomaste como canción de sueño
o como lengua de fuego en extravió dichoso,
o si sólo amaste en mí una arena apagada.
(…)
¿Probaste mis panales sin destino?
¿Entraste a mi huerto de manzanas incorpóreas?
¿Quebraste la redoma de mi esencia desurcada?
¿O se rompieron en mis muros
tus suspiros magníficos?
Di si pensabas que te dejaba cruzar mis abismos
con embriaguez espoleante,
derramando mi ungüento en tus raíces
o que ordenaba sobre tu pecho
que fueses mi inflexible guarda en la noche de ausencia,
o que me hacía a un lado en el desfile de tus llamas
(…)
Si mi voz, rama andante de mi vida,
se te dio como ser,
como suelto corazón cálido,
como humana viajera
que hoy regresa con sus pedazos de camino
y puede darme tu valle y tus breñales.
Me pediste mi distante secreto
Da el tuyo a mi curiosa lejanía. 4
Una poesía que graba en el panorama literario nacional del siglo XX, los rasgos innegables de la modernidad en tensión con la tradición, en una indagación continua de un lenguaje inicialmente deudor de la estética del romanticismo, que se va erigiendo en una crítica de la estereotipia modernista. Es la primera poetisa que se rebela contra las estructuras establecidas, que abandona el rigor de los preceptos literarios vigentes, sin la métrica formal en las líneas y las estrofas, descubre una “voz” fuera de las reglas del silabeo y del sistema fijo de la rima, suspendiéndose en el vuelo transmigrador del verso libre, donde los espacios vacíos del poema nos convocan a la dilatación del sigilo de las carencias, toda ella tentada por un resuello entrecortado:
Ayer fue la dureza de la espera.
Quién fuera por esa dureza iluminada.
Regresar:
Volver a lo duro y a la esperanza.
Volver al carecimiento con horizonte.
Regresar al punto donde comienzan los caminos.
(…)
Y ajustarse de nuevo el alma. 5
Enriqueta Arvelo Larriva, aunque no participa en las apariciones públicas de la llamada “Generación del 18”, ni probablemente de las discusiones entre sus miembros, sin embargo, al momento de ubicarla, se lo hace en esta generación literaria por diversas razones: las debidamente cronológicas, las de publicar en aquellos periódicos y revistas que consolidaron a esta generación literaria y, por ciertas afinidades estéticas; de allí que, los historiadores de la poesía venezolana la consideren perteneciente a la transicional “Generación del 18”, aunque ella misma, no pudo sentirlo así:
Si me preguntarían a cuál generación poética pienso pertenecer y - ¡ay Dios mío! - tendré que contestar sincera: creo que a ninguna, exactamente. Es lo honrado. Y no es que me guste ir sola por la literatura venezolana, sino que así lo arregló el destino.
Y cuán cierto, íngrima se aventuró Enriqueta Arvelo Larriva con su poesía, mucho tiempo después de un Andrés Bello y sucesores, del romanticismo negando al neoclasicismo y éste a su vez enterrando la efusividad barroca, después de un parnasianismo rebelándose frente a los excesos líricos, del primer movimiento literario que gesta el mundo de habla hispana en América, el modernismo, de las manifestaciones del criollismo en una giro hacia a lo propio, del grupo La Alborada y aun de la misma “Generación del 18”, creando un espacio nuevo, un espacio de representación para las escritoras venezolanas.
Su poemas recobran vida con sutiles metáforas en diferentes niveles de su expresión, con su espíritu conjurado en el cuerpo-palabra que dialoga con el silencio en significativos versos, mediante el uso de verbos activos, haciendo hincapié en la primera persona posesiva, rechazando con altivez la cotilla de las formas poéticas fijas tradicionales:
No supe quién me lo dijo.
El acento, divino.
No supe quien me lo dijo.
No corrí tras los detalles
cuando oí lo infinito.
No supe quién me lo dijo.
Lo oí
¡Dichoso el oído mío!
En ese instante se hizo en mí lo armonioso
Lo que oí va eterno y limpio.
Y que tremenda la gracia
De no saber quién me lo dijo .6
Afirma el filósofo alemán Martín Heidegger:
La palabra es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensantes y los poetas son los vigilantes de esa morada. Y en la poetisa, la palabra es el lugar del desvelamiento, su canto al desguarnecimiento del alma, aferrándose a su voz telúrica que le permite atisbar lo invisible, buscando su asidero en el poema:
Brota firme, honda, motorizada,
porque mi corazón ablandó su semilla.
Es una voz profundamente mía,
mas la daré sin sacrificio.
Huele a cedro mi voz bienvenida
y se alza en un pliegue.
Ella –qué novedad- me dará un gozo bravo
la sembraré en el montón sordo. 7
Al igual que el escritor checo, Franz Kafka, quien en su necesidad de soledad para buscar <> afirma: Para escribir nunca se está suficientemente solo, para la poetisa, la soledad, la voz del silencio como creación y las emociones encontradas, perfilan su poética, su yo lírico que nos anuncia la angustia existencial que la aturde en el oficio más solitario del mundo:
Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?
Andaba el viento sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.
Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.
Inquieta y sumisa, me quedé sin voz 8
El conflicto interior por abrazar en el poema la diversidad de vocablos en los que se expresan sus silencios, va configurando las “otras” voces, las de su otredad:
Háblame ahora, llano.
Llegará a mi raíz tu voz sin grietas.
Siento mis oídos más míos cuando escuchan tu mundo.
(…)
Quiero oírte en tu azul englobante.
Háblame.
Sabré responder a la voz de todas tus voces en la hora inocente.
Respetaré -tanteando- tus pájaros y tus ingenuas flores
y haré en tu anchura conscientes trazados de augurios.
Háblame, Llano.
Húndeme tu acento. 9
Paradójico, que después de que la evolución humana nos regalara <>, derrotando el primigenio silencio de la materia, nos invada de nuevo, ese deseo de volver a la <> para explorar nuestros sueños imbuidos en el inconsciente, alcanzando una vertiente ajena a ensordecedores <>.
En soledad, Enriqueta Arvelo Larriva, mantiene sus coloquios poéticos consigo misma y con el también <> de cada poema antes de ser leído. En ella, el silencio se nutre, interpela y alienta con la voz de su palabra, es ése en el que la vivencia de lo arcano sustrae al ser del mundo petrificado de lo obvio; es, la significación que desvela a la vigilia del entendimiento y a su profunda angustia existencial. Estamos ante lo abismal, ante el sentido que rebasa el significado y que sólo se deja aprehender como presión, como signo incierto, nada se encuentra acallado. Su verso <>, refleja la sima donde el ser humano gravita en sus alientos, aferrado a la reflexividad entreverada de palabras.
Nos dice Rafael Arráiz Lucca, en “El coro de las voces solitarias: Una historia de la poesía venezolana”:
De allí que su voz sea de una verosimilitud pocas veces hallada en la poesía venezolana, es como una voz que viene de lejos, que surge de las profundidades de la psique.
Con su poesía, con sus intimismos entre las tropezadas emociones que va calando Enriqueta Arvelo Larriva en cada verso, la lírica venezolana enriquece orgullosamente sus páginas, mientras sus poemas embelesan, cautivan y nos conmueven como poetas, como lectores, dejándonos envolver en esa “voz”, perfil de su zozobra existencial:
Toda la mañana ha hablado el viento
una lengua extraordinaria.
He ido hoy en el viento.
Estremecí los árboles.
Hice pliegues en el río.
Alboroté la arena.
Entré por las más fina rendijas.
Y soné largamente en los alambres.
Antes -¿recuerdas?-
pasaba pálida por la orilla del viento. Y aplaudías. 10
Obra poética:
Voz aislada. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos. Caracas. 1939.
El cristal nervioso: poemas. Publicaciones de la Asociación Cultural Interamericana. Colección Biblioteca Femenina Venezolana. Nº 4. Caracas. 1941.
Poemas de una pena. Caracas. 1942. (sin editorial).
Canto de recuentoMandato del canto: poemas. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos. Tip. La Nación. Caracas. 1957.
Poemas perseverantes. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas. 1963.
Referencias Bibliográficas
Poemas:
1. Casa de mi infancia
2. Emoción y ventaja de la probada profundidad
3. Suma de la voz aislada
4. Respuesta
5. Tarde del imprevisto deseo
6. Balada de lo que oí
7. Presentación de mi voz nueva
8. Destino
9. Instancia frente a una sabana amanecida
10. Toda la mañana ha hablado el viento.
Cada palabra, el perfil de la voz de un silencio a semejanza de una soledad.
Como si fueran sombras de sombras que se alejan las
palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas
del silencio.
Olga Orozco
Enriqueta Arvelo Larriva, nace el 22 de marzo de 1886, en Barinitas, un pueblo enclavado donde se enlazan el piedemonte andino y el llano, al norte del estado Barinas, en Venezuela.
Su padre, Don Alfredo Arvelo, hombre de Fundo y de “a caballo”, y su madre, Doña Mercedes Larriva, maestra de escuela, con quien aprendió las primeras letras, conformaban junto a sus cinco hijos, una familia con vinculaciones políticas adversas al régimen del sátrapa Juan Vicente Gómez, y venida a menos por los atropellos y vejámenes de quien dictatorialmente se adueñó de Venezuela durante casi tres décadas.
Huérfana desde muy niña, pues muere su madre cuando la poetisa apenas contaba los cinco años:
(…) iba a gusto
tras el cabello recién bañado de mi madre.
Amaba a mi madre,
mas a veces ella era para mí
sólo una palidez nimbada. 1
Influenciada en sus inicios poéticos por su abuela materna “mamá Florinda”, y después, por su tía Atilia Torrealba Febres Cordero, reconocida poeta en esa tierra llanera, quien le enseñó las reglas básicas de la versificación y la motivó a escribir sus primeros versos.
Fue, una vehemente autodidacta de las lecturas de los poetas del Siglo de Oro Español: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, y de los poemas del poeta nicaragüense Rubén Darío, que publicaban los periódicos de Caracas. Motivada por su hermano, nuestro esclarecido poeta modernista y revolucionario, Alfredo Arvelo Larriva, quien sembró en su espíritu según palabras de Luis Beltrán Prieto: esa agónica sed de los poetas, que ven pasar el río y no mojan sus labios, sino que van al fondo a rescatar luceros.”
En febrero de 1930, la poetisa decide visitar la Capital por vez primera, regresando al Llano poco tiempo después, con un mayor entusiasmo en la poesía.
El 8 de agosto de 1931, se crea el Ateneo de Caracas, allí, en la planta alta de una casa, ubicada de Marrón a Cují, en el Nº 43 de la Avenida Este, propiedad del general Vicencio Pérez Soto; corriendo el riesgo que significaba intentar fundar cualquier tipo de asociación, dada la represión continua que ejercía la dictadura del Bagre por temor a la “conspiración”, un grupo de mujeres convocó a un número considerable de personalidades y artistas, sin obviar siquiera a las familias vinculadas con el poder, a la fundación de lo que pronto llegó a considerarse como la República Libre de los Intelectuales; y dentro de sus actividades destacará posteriormente, la participación de Enriqueta Arvelo Larriva.
En 1934, muere su amado hermano Alfredo Arvelo Larriva, el 13 de Mayo en Madrid; y cuando son repatriados sus restos en 1949, la poetisa publica una excelente nota biográfica Alfredo Arvelo Larriva – Noticias de su Vida y su Obra.
En 1939 edita con la Asociación de Escritores Venezolanos, su poemario Voz aislada, es el primero que publica, pero, el segundo que escribe.
En junio de 1941, obtiene el premio en el Segundo Concurso Femenino Venezolano, promovido por la Asociación Cultural Interamericana, con el primer poemario que escribió: Cristal nervioso: poemas, y un jurado conformado, por Carlos Eduardo Frías, Ada Pérez Guevara y Pedro Sotillo.
En 1942 escribe Poemas de una pena, una elegía a la muerte de su padre.
Desde 1945 hasta 1947, ejerce breves cargos políticos como Diputada a la Asamblea Legislativa del Estado Barinas y como Diputada Suplente de la Asamblea Constituyente en 1947.
A partir de 1948, se radica definitivamente en la capital, Caracas, lo que le permitirá estar en permanente relación y vigorizar sus vínculos con reconocidos representantes de la intelectualidad venezolana.
En 1949, edita el poemario Canto de recuento, como un homenaje al regreso de los restos de su hermano Alfredo Arvelo Larriva a su patria, Venezuela.
En 1957, publica su quinto poemario Mandato del canto: poemas”y recibe por esa obra, el Premio Municipal de Poesía.
Y, el 10 de diciembre de 1962, muere en Caracas, a la edad de 76 años, como había vivido, en soledad, acompañada solamente de la voz de sus poemas.
En 1963, las Ediciones de la Presidencia de la República del gobierno de Rómulo Betancourt, edita póstumamente su último poemario Poemas perseverantes.
Enriqueta Arvelo Larriva, publicó también algunos de sus poemas en el semanario Patria y Unión de Barinas, y en periódicos locales y regionales como El Impulso de Barquisimeto y El Diario de Carora; en Caracas, en El Universal, donde aparece en las primeras páginas de las novedades literarias y, en el “Papel literario” de El Nacional. Mantuvo también, un hermoso epistolario con poetisas del prestigio de la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarbourou.
Este ensayo: ENRIQUETA ARVELO LARRIVA: Cada palabra, el perfil de la voz de un silencio a semejanza de una soledad., es, ese su viaje al universo interior de su soledad, de su silencio, de su voz y del afecto de un amor postergado, constantes poéticas en su obra lírica, y que motivaran subyugantes poemas.
La poetisa, se adelanta a su tiempo, más allá de las vanguardias literarias, es la primera voz de mujer que se singulariza en el devenir de las letras líricas venezolanas; en el contexto de una desolación intelectual para la mujer, ella logra entretejer esa su voz, esas sus ausencias, a través de las hendijas que pasan desapercibidas para el resto de un país con una atávica visión androcentrista; imponiéndose como mujer, esquivando el destino que le atañía, y trasgrediendo la “normativa” de las leyes patriarcales y religiosas:
Buena o mala, voz es lo único que tengo
En una Venezuela hasta esos momentos, donde la dignidad de la mujer la ponderaba él, el hombre, “asignándole” su status, imponiéndole las limitaciones de los patrones de una “vida social”, inhibiéndola de casi todas las manifestaciones “culturales”, permitiéndosele tan sólo acceso a una mínima fracción de la “herencia de la vida”. Aún así, aún a pesar de ese lastre, se eleva su voz desde la provincia, desde el llano y luego desde la capital, su por ella misma llamada “voz aislada”.
De esta sensibilidad, de esta audacia, de este culto a la voz del silencio, de ese ceñir su palabra a los predios de la poesía, jamás, antes de Enriqueta Arvelo Larriva, habían tenido versos así, eco femenino en los reacios oídos masculinos:
Gracias a los que se fueron por la vereda oscura
moliendo las hojas tostadas.
A los que me dijeron: espéranos bajo ese árbol.
Gracias a los que se fueron a buscar fuego para sus cigarrillos
y me dejaron sola,
enredada en los soles pequeños de una sombra olorosa.
Gracias a los que se fueron a buscar agua para mi sed
y me dejaron ahí
bebiéndome el agua esencial de un mundo estremecido.
Gracias a los que me dejaron oyendo un canto enselvado
y viendo soñolienta los troncos bordados de lianas marchitas.
Ahora voy indemne entre las gentes. 2
El deseo de imprimir su huella precursora, la trama de su phatos, su tono poético abierto a los vértigos del alma, con el acento desesperado de sus aires atestados de silencios e íntimas revelaciones, de amparar su soledad con su voz tan propia, cultivada apasionadamente con un lenguaje henchido de acordes, conjurando el vacío, buscando darle encantamiento, en latidos que convidan a una sublimación absoluta donde su imaginación creadora se encierra para mostrarse en el eco de su entelequia, con versos de una franqueza que estremecen:
En el aire ancho y aromado ha ido sola mi voz.
En vano busqué ansiosa.
Todas las voces se han ido.
Ahuecaba mis manos y lanzaba mi voz.
Y salía a recogerla. Yo misma.
Qué dolor desolado, agrupadas voces,
el de no tener la voz compañera.
En el ámbito soleado y ciego,
en la zona sin voces,
sobre la grama desmandada,
he ido presente por caminos que no me oían. 3
Para ese momento histórico en la “Patria Literaria”, Enriqueta Arvelo Larriva, es la pionera, la primera voz poética que se alza surgiendo de las hondonadas recónditas del alma femenina, y lo hace, desde los espacios donde ocurren los encuentros consigo misma, tamizando su soledad, descifrando lo incomprensible y enigmático del silencio que la rodea y abruma, intentando dar voz auténtica al duelo por la entrega amorosa aplazada y los frutos de ese apego menguando con ella, en poemas trémulos de amor y confesionalidad:
Quiero saber, hombre lejano que me llevaste
por una ribera muy tuya para mí desconocida,
si en un paso de insomnio
tus pájaros briosos y relucientes
picaron en las moras zumosas de mi soledad.
Si me sentiste allí,
en la espesura de tu bosque sumido,
como hoja soterrada,
como liana sin anillo,
como brisa curiosa
castigada en cárcel pavorosa y oscura.
Si me aspiraste en el último humo de la tarde
o si pasé despertándote por tu más raro amanecer.
(…)
Dime si me tomaste como canción de sueño
o como lengua de fuego en extravió dichoso,
o si sólo amaste en mí una arena apagada.
(…)
¿Probaste mis panales sin destino?
¿Entraste a mi huerto de manzanas incorpóreas?
¿Quebraste la redoma de mi esencia desurcada?
¿O se rompieron en mis muros
tus suspiros magníficos?
Di si pensabas que te dejaba cruzar mis abismos
con embriaguez espoleante,
derramando mi ungüento en tus raíces
o que ordenaba sobre tu pecho
que fueses mi inflexible guarda en la noche de ausencia,
o que me hacía a un lado en el desfile de tus llamas
(…)
Si mi voz, rama andante de mi vida,
se te dio como ser,
como suelto corazón cálido,
como humana viajera
que hoy regresa con sus pedazos de camino
y puede darme tu valle y tus breñales.
Me pediste mi distante secreto
Da el tuyo a mi curiosa lejanía. 4
Una poesía que graba en el panorama literario nacional del siglo XX, los rasgos innegables de la modernidad en tensión con la tradición, en una indagación continua de un lenguaje inicialmente deudor de la estética del romanticismo, que se va erigiendo en una crítica de la estereotipia modernista. Es la primera poetisa que se rebela contra las estructuras establecidas, que abandona el rigor de los preceptos literarios vigentes, sin la métrica formal en las líneas y las estrofas, descubre una “voz” fuera de las reglas del silabeo y del sistema fijo de la rima, suspendiéndose en el vuelo transmigrador del verso libre, donde los espacios vacíos del poema nos convocan a la dilatación del sigilo de las carencias, toda ella tentada por un resuello entrecortado:
Ayer fue la dureza de la espera.
Quién fuera por esa dureza iluminada.
Regresar:
Volver a lo duro y a la esperanza.
Volver al carecimiento con horizonte.
Regresar al punto donde comienzan los caminos.
(…)
Y ajustarse de nuevo el alma. 5
Enriqueta Arvelo Larriva, aunque no participa en las apariciones públicas de la llamada “Generación del 18”, ni probablemente de las discusiones entre sus miembros, sin embargo, al momento de ubicarla, se lo hace en esta generación literaria por diversas razones: las debidamente cronológicas, las de publicar en aquellos periódicos y revistas que consolidaron a esta generación literaria y, por ciertas afinidades estéticas; de allí que, los historiadores de la poesía venezolana la consideren perteneciente a la transicional “Generación del 18”, aunque ella misma, no pudo sentirlo así:
Si me preguntarían a cuál generación poética pienso pertenecer y - ¡ay Dios mío! - tendré que contestar sincera: creo que a ninguna, exactamente. Es lo honrado. Y no es que me guste ir sola por la literatura venezolana, sino que así lo arregló el destino.
Y cuán cierto, íngrima se aventuró Enriqueta Arvelo Larriva con su poesía, mucho tiempo después de un Andrés Bello y sucesores, del romanticismo negando al neoclasicismo y éste a su vez enterrando la efusividad barroca, después de un parnasianismo rebelándose frente a los excesos líricos, del primer movimiento literario que gesta el mundo de habla hispana en América, el modernismo, de las manifestaciones del criollismo en una giro hacia a lo propio, del grupo La Alborada y aun de la misma “Generación del 18”, creando un espacio nuevo, un espacio de representación para las escritoras venezolanas.
Su poemas recobran vida con sutiles metáforas en diferentes niveles de su expresión, con su espíritu conjurado en el cuerpo-palabra que dialoga con el silencio en significativos versos, mediante el uso de verbos activos, haciendo hincapié en la primera persona posesiva, rechazando con altivez la cotilla de las formas poéticas fijas tradicionales:
No supe quién me lo dijo.
El acento, divino.
No supe quien me lo dijo.
No corrí tras los detalles
cuando oí lo infinito.
No supe quién me lo dijo.
Lo oí
¡Dichoso el oído mío!
En ese instante se hizo en mí lo armonioso
Lo que oí va eterno y limpio.
Y que tremenda la gracia
De no saber quién me lo dijo .6
Afirma el filósofo alemán Martín Heidegger:
La palabra es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensantes y los poetas son los vigilantes de esa morada. Y en la poetisa, la palabra es el lugar del desvelamiento, su canto al desguarnecimiento del alma, aferrándose a su voz telúrica que le permite atisbar lo invisible, buscando su asidero en el poema:
Brota firme, honda, motorizada,
porque mi corazón ablandó su semilla.
Es una voz profundamente mía,
mas la daré sin sacrificio.
Huele a cedro mi voz bienvenida
y se alza en un pliegue.
Ella –qué novedad- me dará un gozo bravo
la sembraré en el montón sordo. 7
Al igual que el escritor checo, Franz Kafka, quien en su necesidad de soledad para buscar <
Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?
Andaba el viento sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.
Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.
Inquieta y sumisa, me quedé sin voz 8
El conflicto interior por abrazar en el poema la diversidad de vocablos en los que se expresan sus silencios, va configurando las “otras” voces, las de su otredad:
Háblame ahora, llano.
Llegará a mi raíz tu voz sin grietas.
Siento mis oídos más míos cuando escuchan tu mundo.
(…)
Quiero oírte en tu azul englobante.
Háblame.
Sabré responder a la voz de todas tus voces en la hora inocente.
Respetaré -tanteando- tus pájaros y tus ingenuas flores
y haré en tu anchura conscientes trazados de augurios.
Háblame, Llano.
Húndeme tu acento. 9
Paradójico, que después de que la evolución humana nos regalara <
En soledad, Enriqueta Arvelo Larriva, mantiene sus coloquios poéticos consigo misma y con el también <
Nos dice Rafael Arráiz Lucca, en “El coro de las voces solitarias: Una historia de la poesía venezolana”:
De allí que su voz sea de una verosimilitud pocas veces hallada en la poesía venezolana, es como una voz que viene de lejos, que surge de las profundidades de la psique.
Con su poesía, con sus intimismos entre las tropezadas emociones que va calando Enriqueta Arvelo Larriva en cada verso, la lírica venezolana enriquece orgullosamente sus páginas, mientras sus poemas embelesan, cautivan y nos conmueven como poetas, como lectores, dejándonos envolver en esa “voz”, perfil de su zozobra existencial:
Toda la mañana ha hablado el viento
una lengua extraordinaria.
He ido hoy en el viento.
Estremecí los árboles.
Hice pliegues en el río.
Alboroté la arena.
Entré por las más fina rendijas.
Y soné largamente en los alambres.
Antes -¿recuerdas?-
pasaba pálida por la orilla del viento. Y aplaudías. 10
Obra poética:
Voz aislada. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos. Caracas. 1939.
El cristal nervioso: poemas. Publicaciones de la Asociación Cultural Interamericana. Colección Biblioteca Femenina Venezolana. Nº 4. Caracas. 1941.
Poemas de una pena. Caracas. 1942. (sin editorial).
Canto de recuentoMandato del canto: poemas. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos. Tip. La Nación. Caracas. 1957.
Poemas perseverantes. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas. 1963.
Referencias Bibliográficas
Poemas:
1. Casa de mi infancia
2. Emoción y ventaja de la probada profundidad
3. Suma de la voz aislada
4. Respuesta
5. Tarde del imprevisto deseo
6. Balada de lo que oí
7. Presentación de mi voz nueva
8. Destino
9. Instancia frente a una sabana amanecida
10. Toda la mañana ha hablado el viento.
lunes, 17 de mayo de 2010
Letras entrerrianas ´
Las letras entrerrianas, en la Feria del Libro
Espectáculos | La literatura, el canto, la poesía y la danza entrerriana, dijeron presente en la 36ª edición del evento. Para la presentación se eligió el lema “El pueblo quiere leer”. Ciento setenta libros conforman el stand provincial.
06 de mayo de 2010
Imagen
Hubro récord de ventas en el stand de la provincia. (Foto: DGIP)
Este miércoles la provincia de Entre Ríos tuvo el miércoles su día en la 36ª edición de la Feria Internacional del Libro, en un acto al que asistieron invitados especiales y que mostró un repertorio con lo mejor de la danza, la literatura y el canto de la entrerriana.
Como nota destacada se puede mencionar a los escritores que presentaron sus obras. En ese rubro se destacó el concordiense Fernando Belottini, autor del libro de cuentos Textos sin Destino y ganador de la última edición del Premio Fran Mocho. Su obra es la preferida entre los asistentes al evento que se realiza en el predio de la Sociedad Rural Argentina.
A su turno, el subsecretario de Cultura de la Provincia, Roberto Romani, brindó su parecer acerca de este gran acontecimiento. ”Una vez más la provincia de Entre Ríos protagoniza un hecho cultural de trascendencia en Buenos Aires, acercando la producción literaria de las actuales generaciones y reeditando obras emblemáticas de la historia regional, las cuales se ponen a consideración del público en esta ceremonia, como así también en el pabellón habilitado el pasado 21 de abril con una síntesis de la producción gestada en los últimos meses”.
Por su parte, la directora de la Editorial de Entre Ríos, Graciela Iannuzzo, puso a consideración del público “En el cofre del tiempo”, de Luis Sadí Grosso; “La voz eterna”, de Guillermo Saraví; “Mi canto”, de Pocho Vittori; “Leyendas, palabras y letras entrerrianas”, de Silvia Rodríguez Paz, y “Textos sin destino”, de Fernando Belottini.
El stand
El stand entrerriano está ubicado entre las calles 18 y 13 del Pabellón Azul del predio de la Sociedad Rural. Cuenta con aproximadamente 170 libros de diversos géneros: novelas, narrativa, historia, teatro, poesía, entre otros.
Hace 14 años que la Editorial de Entre Ríos tiene su propio stand, en el que se recibe la visita de delegaciones y se ponen a disposición del público títulos literarios generados por la Editorial y por numerosos autores entrerrianos. También hay un espacio dispuesto para que quienes se acercan puedan ponerse a leer, un televisor plasma donde se transmiten audiovisuales sobre museos de la provincia, realizado por el Instituto Audiovisual de la provincia, y se entrega a los visitantes señaladores con versos de poetas entrerrianos y folletería turística.
Espectáculos | La literatura, el canto, la poesía y la danza entrerriana, dijeron presente en la 36ª edición del evento. Para la presentación se eligió el lema “El pueblo quiere leer”. Ciento setenta libros conforman el stand provincial.
06 de mayo de 2010
Imagen
Hubro récord de ventas en el stand de la provincia. (Foto: DGIP)
Este miércoles la provincia de Entre Ríos tuvo el miércoles su día en la 36ª edición de la Feria Internacional del Libro, en un acto al que asistieron invitados especiales y que mostró un repertorio con lo mejor de la danza, la literatura y el canto de la entrerriana.
Como nota destacada se puede mencionar a los escritores que presentaron sus obras. En ese rubro se destacó el concordiense Fernando Belottini, autor del libro de cuentos Textos sin Destino y ganador de la última edición del Premio Fran Mocho. Su obra es la preferida entre los asistentes al evento que se realiza en el predio de la Sociedad Rural Argentina.
A su turno, el subsecretario de Cultura de la Provincia, Roberto Romani, brindó su parecer acerca de este gran acontecimiento. ”Una vez más la provincia de Entre Ríos protagoniza un hecho cultural de trascendencia en Buenos Aires, acercando la producción literaria de las actuales generaciones y reeditando obras emblemáticas de la historia regional, las cuales se ponen a consideración del público en esta ceremonia, como así también en el pabellón habilitado el pasado 21 de abril con una síntesis de la producción gestada en los últimos meses”.
Por su parte, la directora de la Editorial de Entre Ríos, Graciela Iannuzzo, puso a consideración del público “En el cofre del tiempo”, de Luis Sadí Grosso; “La voz eterna”, de Guillermo Saraví; “Mi canto”, de Pocho Vittori; “Leyendas, palabras y letras entrerrianas”, de Silvia Rodríguez Paz, y “Textos sin destino”, de Fernando Belottini.
El stand
El stand entrerriano está ubicado entre las calles 18 y 13 del Pabellón Azul del predio de la Sociedad Rural. Cuenta con aproximadamente 170 libros de diversos géneros: novelas, narrativa, historia, teatro, poesía, entre otros.
Hace 14 años que la Editorial de Entre Ríos tiene su propio stand, en el que se recibe la visita de delegaciones y se ponen a disposición del público títulos literarios generados por la Editorial y por numerosos autores entrerrianos. También hay un espacio dispuesto para que quienes se acercan puedan ponerse a leer, un televisor plasma donde se transmiten audiovisuales sobre museos de la provincia, realizado por el Instituto Audiovisual de la provincia, y se entrega a los visitantes señaladores con versos de poetas entrerrianos y folletería turística.
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